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Angeles Castell

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Hola amigos, desde el año 2009 estoy haciendo blogs de temáticas alternativas en general y especializadas, con este son 6 blogs.

La creación del Sistema Solar por los Sumers

Los textos sumers hablan de un único acontecimiento, pero amplio. Estos textos explican mas de lo que los astrónomos modernos han intentado explicar en lo referente a los planetas exteriores. Pero los textos antiguos también explican materias más cercanas, como las del origen de la Tierra, la Luna, el cinturón de asteroides y los cometas. Luego los textos pasan a contar un relato que combina el credo de los creacionistas con la teoría de la evolución, un relato que ofrece una explicación más adecuada que las que ofrece cualquier teoría moderna sobre lo que sucedió en la Tierra y sobre el modo en que vinieron a ser el hombre y la civilización.

Todo comenzó, según los textos sumerios, cuando el sistema solar aun era joven. El Sol (APSU en los textos sumerios, que significaba “El que existe desde el principio”), su pequeño acompañante MUM.MU (“El que nació”, nuestro Mercurio) y, un poco mas allá, TI. AMAT (“Doncella de la vida”) fueron los primeros miembros del sistema solar; éste se expandió gradualmente con el nacimiento de tres parejas planetarias: los planetas que llamamos Venus y Marte, entre Mummu y Tiamat; la pareja gigante Júpiter y Saturno (por utilizar los nombres modernos), más allá de Tiamat; y Urano y Neptuno, aun más lejos.

En este sistema solar original, todavía inestable poco después de su formación (estimo que pudo ser hace cuatro mil millones de años), apareció un invasor. Los Sumerios le llamaron NIBIRU; los Babilonios lo rebautizaron como Marduk, en honor a su Dios nacional. Apareció desde el espacio exterior, desde “lo profundo”, tal como dicen los textos antiguos. Pero, con su aproximación a los planetas exteriores del Sistema Solar, comenzó a verse atraído hacia su interior. El primer planeta exterior en atraer a Nibiru con su campo gravitatorio fue Neptuno, E.A en sumerio (“aquel cuya casa es el agua”). “El que lo suscitó fue E.A”, dice el texto antiguo.

Ciertamente, Nibiru/Marduk era digno de contemplar; atractivo, brillante, noble o señorial son algunos de los adjetivos que utilizaron para describirlo. Chispas y relámpagos salían de él hacia Neptuno y Urano a medida que pasaba junto a ellos. Pudo llegar con sus propios satélites orbitándole, o pudo quitárselos a los planetas exteriores como consecuencia de su atracción gravitatoria. El texto antiguo habla de sus “miembros perfectos… difíciles de percibir”: “cuatro eran sus ojos, cuatro sus oídos”.

Cuando pasó por las cercanías de EA/Neptuno, a Nibiru/Marduk le salió una protuberancia en el costado, “como si tuviera una segunda cabeza”. ¿Se separaría esa protuberancia, convirtiéndose en Tritón, la luna de Neptuno? Un detalle que nos lleva a sospecharlo seriamente es el hecho de que Nibiru/Marduk entrara en el Sistema Solar con una orbita retrograda (en el sentido de las agujas del reloj), al revés que todos los demás planetas.

Solo este detalle sumerio, según el cual el planeta invasor se movía en contra del movimiento orbital de todos los demás planetas, puede explicar el movimiento retrogrado de Tritón, las órbitas extremadamente elípticas de otros satélites y cometas, y el resto de acontecimientos importantes que todavía tenemos que abordar.

Cuando Nibiru/Marduk pasó junto a Anu/Urano, se crearon más satélites. Al describir este transito por Urano, el texto dice que “Anu sacó y engendro a los cuatro vientos”, una referencia tan clara como sería posible esperar a las cuatro lunas principales de Urano que, según sabemos ahora, se formaron durante la colisión que ladeó a Urano. Al mismo tiempo, nos enteramos en un pasaje posterior del mismo texto que Nibiru/Marduk obtuvo tres satélites como consecuencia de este encuentro.

Aunque, tras su captura en órbita solar, los textos sumerios nos dicen que Nibiru/Marduk volvió a visitar los planetas exteriores conformándolos poco a poco hasta el sistema que conocemos hoy en día, aquel primer encuentro nos da la explicación de los enigmas a los que se enfrentaba y todavía se enfrenta la astronomía moderna respecto a Neptuno, Urano, sus lunas y sus anillos.
Tras pasar junto a Neptuno y Urano, Nibiru/Marduk siguió introduciéndose en mitad del sistema planetario, al ser atraído por los inmensos campos gravitatorios de Saturno (AN.SHAR, “Primero de los cielos”) y Júpiter (KI.SHAR, “Primero de las tierras firmes”).

Cuando Nibiru/Marduk “se aproximo y se puso como en combate” cerca de AN.SHAR/Saturno, los dos planetas “se besaron los labios”.

Fue entonces cuando el “destino”, el recorrido orbital, de Nibiru/Marduk cambio para siempre. Fue también entonces cuando el principal satélite de Saturno, GA.GA (con el tiempo Plutón), se alejó en dirección a Marte y Venus, una dirección posible únicamente merced a la fuerza retrograda de Nibiru/Marduk. Haciendo una enorme órbita elíptica, GA.GA volvería con el tiempo a los suburbios del Sistema Solar. Allí se “dirigió” a Neptuno y Urano al pasar sus órbitas en el vaivén. Fue el comienzo del proceso por el cual GA.GA se convertiría en Plutón, con su peculiar órbita inclinada que, en ocasiones, lo introduce entre Neptuno y Urano.

El nuevo “destino”, o recorrido orbital, de Nibiru/Marduk le llevaba ahora irrevocablemente hacia el antiguo planeta Tiamat. En aquellos tiempos, relativamente tempranos en la formación del Sistema Solar, éste estaba marcado por la inestabilidad, en especial (según nos dice el texto) en la región de Tiamat. Mientras los planetas más cercanos estaban todavía bamboleándose en sus órbitas, Tiamat era atraída en muchas direcciones, por parte de los dos gigantes que había más allá de ella, y por parte de los dos pequeños planetas que había entre ella y el Sol.

Una consecuencia de ello había sido la expulsión de sí, o la reunión a su alrededor, de una “hueste” de satélites “furiosos y coléricos”, en el lenguaje poético del texto (al cual los expertos llaman La Epopeya de la Creación). Estos satélites, “monstruos rugientes”, estaban “revestidos de susto” y “coronados de aureolas”, dando vueltas furiosos y trazando sus órbitas como si fueran “dioses celestiales” (planetas).

Pero el mas peligroso para la estabilidad o la seguridad del resto de planetas era el “líder de la hueste” de Tiamat, un gran satélite que había crecido hasta alcanzar casi el tamaño de un planeta, y que estaba a punto de obtener un “destino” independiente (su propia órbita alrededor del Sol). Tiamat “le lanzo un conjuro, para que se sentara entre los dioses celestiales, lo exaltó”. En sumerio recibió el nombre de KIN.GU, “Gran emisario”.

Al igual que una tragedia griega, la subsiguiente “resolver celestial” fue inevitable, pues las fuerzas gravitacionales y magnéticas entraron en juego inexorablemente, llevando a la colisión entre el recién llegado Nibiru/M arduk, con sus siete satélites(“vientos” en el texto antiguo), y Tiamat y su “hueste” de once satélites, encabezados por Kingu.

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